En Femme…nino

Porque la "F" no solo es género


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“Treinta cosas que toda mujer debe tener y saber antes de los 30″

Por Lili Silva Campos

Quiero iniciar esta nueva sección y este nuevo año compartiéndoles un poco de algunos libros que además de ser entretenidos  poseen puntos de vista interesantes para toda mujer, quien no ha soñado con ese príncipe azul y en el camino ha besado uno que otro sapo y se ha comido más de una manzana ….. cuantas de nosotras hemos deseado tener un manual práctico con 1000 y un consejos que nos ayuden a sacar la Mujerzota que llevamos dentro o como por arte de magia tener una lista de todo lo que debemos saber y tener a determinada edad.  Esta sección es por y para ti….

                     

 

 “Treinta cosas que toda mujer debe tener y saber antes de los 30. “

  (Por las editoras de Glamour y Pamela Redmond Satran)

Como bien dice el título, es una pequeña lista de las cosas que debe tener y saber cada mujer en su vida, sin importar la edad en la que estemos, pues recuerden que mientras hay vida, hay sueños, ilusiones, metas y sorpresas y lo más importante es prepararte para vivirla plenamente.

Originalmente la lista fue creada por una colaboradora de la revista, fue compartida en internet y se volvió algo viral llegando a una gran cantidad de mujeres en todo el mundo. Lo más rico de este libro es que mujeres de diferentes edades toman algunos puntos de esta lista y comparten sus experiencias, y sobre todo el hecho de que nos podemos identificar con alguna de ellas.

Es importante mencionar que no son una serie de reglas a seguir, puede ser que algunos puntos ya los hayas realizado y otros aun estés por hacer, el objetivo es tener las herramientas para ser una adulta plena, feliz y segura de ti misma.

Y bueno, después de este preámbulo , la esperada lista…..

  • Antes de los 30, debes tener…

1.- Un antiguo novio con el que te imaginas que podrías regresar y uno que te recuerde lo mucho que has evolucionado

2.-Un mueble decente que no haya pertenecido a alguien de tu familia.

3.-Algo perfecto que podrías ponerte si quien te puede dar el trabajo de tus sueños o el hombre de tu vida pide verte en una hora.

4.-Una bolsa, una maleta y un paraguas que no te avergüence utilizar.

5.-Una juventud que te alegre dejar atrás.

6.-Un pasado tan emocionante que te ilusione platicar con él en la vejez.

7.-La certeza de que tendrás una etapa de vejez, así como algo de dinero ahorrado para financiarla.

8.- Una dirección de correo electrónico, un buzón de voz y una cuenta de banco, a la que nadie más tenga acceso.

9.- Un currículo que no exagere tus logros.

10.-Una amiga que siempre te haga reír y una que te permita llorar

11.-Un juego de desarmadores, un taladro sin cordón y un brassier de encaje negro.

12.-Algo ridículamente caro que te compraste solo porque te lo mereces.

13.- La convicción de que te lo mereces.

14.- Un régimen para el cuidado de la piel una rutina de ejercicios y un plan para enfrentar algunos aspectos de la vida que no mejoraran después de los 30.

15.- El inicio solido de una carrera satisfactoria, de una relación romántica plena y de aquellos aspectos de la vida que si mejorarán.

  •  Antes de los 30, debes saber…

1.- Como enamorarte sin perderte a ti misma.

2.- Como te sientes respecto a la idea de tener hijos,

3.-Como renunciar a un empleo, cortar con un hombre y confrontar a una amiga sin arruinar la amistad.

4.- Cuando poner más de tu parte y cuando dejar ir.

5.- Como besar de una manera que comunique lo que quieres y no quieres que pase después.

6.-El nombre del secretario de Gobernación, de tus bisabuelas y del mejor sastre de la ciudad.

7.- Como vivir sola, incluso si no quieres hacerlo.

8.- A dónde ir- ya sea a la mesa de tu mejor amiga o a una colchoneta para practicar yoga- cuando tu alma necesite alivio.

9.- Que no puedes cambiar el largo de tus piernas, el ancho de tus caderas o la manera de ser de tus padres.

10.- Que tu infancia pudo no ser perfecta, pero que ya acabó.

11.- Que harías y que no por dinero o por amor.

12.- Que nadie se salva por mucho tiempo si fuma, bebe, usa drogas o no utiliza hilo dental.

13.- En quien puedes confiar, en quien no y porque no debes tomártelo como algo personal.

14.- Que no necesitas disculparte por algo que no es tu responsabilidad.

15.- Porque la vida comienza a los 30.

Disfruta como yo leyendo y reflexionando sobre lo que has logrado de la lista, recordando como llegaste hasta ahí y sigue caminando por este maravilloso sendero que es la vida.

 

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COMO EDUCAR A TUS HIJOS PARA EL PENSAMIENTO POSITIVO

Por Evelyn Hurtado

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Cuando hablamos de educar, hablamos de toda una tarea que no resulta tan fácil, y más aún, cuando queremos criar a niñ@s con una visión de la vida positivamente y en armonía. Pero además recuerden que nosotros como padres no fuimos preparados para ello, y que estamos en el mismo aprendizaje de la vida, misma que nos da la experiencia además del conocimiento para poder enseñar, transmitir valores, conductas, confianza, y algo  muy  importante: el amor.

 Nada más maravilloso que poder hacer que nuestros hij@s se quieran a si mism@s, valorar a los demás, respetar a los animales, preocuparse por el medio ambiente, etc. eso hará de nuestros hijos, hijos responsables, seguros, y sobre todo buenos seres humanos con  todo su entorno.

Eres ejemplo, y cuando tu actúas, piensas o te manifiestas, en ese momento también estas enseñando, los aprendizajes de tus hij@s son el ejemplo de lo que tú has mostrado, no quiero decir que haces caprichos y berrinches, y por eso lo hacen también, no, tal vez es una manifestación del poco control que tienen sobre sus emociones, ahí es donde tú tienes que actuar. Para esto, ellos tienen que ver en ti como resuelves los problemas, como te controlas cuando te enfrentas al dolor, como ejercitas tu mente, como le encuentras  la parte positiva cuando te enfrentas a algo negativo, es ahí en donde ellos van aprender.

Aquí te dejare unos consejos de cómo lo puedes lograr.

Las frases son muy buenas, utilízalas cuando consideres importante, lanza una frase, dila continuamente, los reforzadores como “sí podemos hacerlo”, “lo puedo lograr” “vamos a salir de esto”, “mientras estemos juntos todo resulta fácil”, son de mucha ayuda, pues es un acompañamiento de pasar por una situación a la que se enfrentan y ya le estas buscando el lado positivo.

La respiración como parte del control emocional; enséñales a tus hijos a respirar profundamente, cuando lloren y los estés tranquilizando, cuando sientan incertidumbre a algo, cuando estén enojados, pídeles que respiren profundamente en repeticiones, verás que cuando entren en alguna circunstancia y tú no estés, solos lo harán y estabilizarán sus emociones, aprenderán a entrar en equilibrio.

Hagan conversiones, ejercita con ellos mirar el lado positivo a las cosas, te todas las cosas que nos sucedan hay un aprendizaje, y ese aprendizaje es ver el lado bueno de lo que vivas, traten de ver el resultado.

 Enséñales a hacer agradecidos, la palabra gracias no es una palabra únicamente que se debe de decir cuando alguien hace algo por ti, esta palabra se debe utilizar también cuando algo bueno te suceda, porque el universo se está manifestando y otorga para ti bienestar.

Ejercita el decreto, cuando quieran algo, cuando deseen algo, pídeles que lo digan con todo su corazón, que lo visualicen, que lo sientan y además que lo digan, eso es decretar y atraerán para sí mismos todo aquello que desean.

Ser empático es otra forma de ser positivo, ponerse en los zapatos de los demás a un niño le resulta un poco complicado, pero juega con ellos diciendo: A ti te gustaría que lo que está viviendo ese niño te pasará a ti?, es una manera de valorar la vida y lo que tienen, los sensibilizará y tratarán de comprender .

No juzgar y criticar, hacerlo es estar en negativo, pídeles que únicamente comprendan.

Abrázalos y diles cuanto los amas, es una manera de darles seguridad y de manifestar tu amor hacia ellos, no dejes de hacerlo de forma continua, el que tú en una manifestación de amor los hagas sentir seguros, ellos aprenderán a manifestar su amor y no reprimirán sentimientos, ni deseos, hazlo, es un ejercicio maravilloso.

Erradica palabras como miedo, temor, angustia, etc. son palabras que no necesitas en esa formación mental, cuando tengan el sentimiento de miedo, explícales que no existe, que sólo es un sentimiento a vivir algo desconocido, dales una explicación pero trata de que no se acostumbren a mencionarlas, aunque las escuchen de otras personas. Utiliza un vocabulario positivo, acostúmbralos a hacerlo.

Trata de ser lo más congruente, los niñ@s son muy inteligentes, y lo único que tienen es sus sentidos enfocados en todo lo que está a su alrededor. Sí nunca lo has hecho, hazlo, te agradará envolver a tus hijos en una burbuja de luz que te ayudará en cualquiera que fuera la etapa de su vida, serán tus hijos siempre, y seguro esta forma de vida se irá heredando, y no hay mejor manera de vivir la vida, que siendo feliz, aprendiendo y otorgando.

Tienes mucho por hacer, hazlo, te dará muchos beneficios tener hijos así, deseo que lo logres, todo en la vida se puede, a medida que tú lo desees. Yo lo quiero para ti.

Nos vemos pronto


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Mateo

Por Lorena Sama

-Señorita, estoy buscando a mi esposa, Lorena Rhôné, necesito saber si ya dio a luz, por favor, dígame que está pasando.

-No le escucho muy bien señor, pero aquí no está registrada ninguna señora Rhôné. Se oye mucho ruido, ¿puede repetir por favor?

-Le digo que sí esta ahí. ¡Mierda!, no oigo nada, señorita, estoy en un avión y necesito saber de mi esposa, por favor…¿me escucha? Mi esposa es mexicana, está ahí sola.

-No pasa bien la llamada señor, le voy a comunicar a maternidad.

-No señorita, solo dígame si mi esposa…qué pasa, no oigo nada, ¡ya se cortó esta porquería!

Ese, es mi esposo. Tratando de comunicarse al hospital de Saint Cloud, cerca de Paris.

La llegada de Mateo está prevista el 30 de julio de 2002.

Nuestro primer bebé. El más querido y esperado.

Llevamos cuatro años añorando este momento. Un momento perfecto, mágico.

Solo que hoy es 25 de junio. Y estoy sola. Y cuando digo sola, quiero decir S-O-L-A.

Olivier está en un viaje de negocios en México (cuando le dijo a su jefe que no quería ir su respuesta fue: pero si faltan casi dos meses…¿qué puede pasar? estás nervioso porque es tu primero, pero créeme, puedes ir y venir sin problema, solo vas a estar fuera diez días).

Tampoco tengo familia aquí. Mi mamá llega dentro de un mes, ya tiene su boleto para venir a ayudarme. Mis suegros están en Reims.

Es martes. Son las seis y media.

Cómo todas las mañanas, me despierto temprano con unas ganas inmensas de hacer pipí. Hasta ahí nada anormal. Voy al baño y hago lo que tengo que hacer. Pero no termino…parece que hubiera tomado litros y litros de agua porque cuando me levanto sigue saliendo liquido. Me limpio como puedo y me subo la pijama.

Dos minutos después está empapada.

Trato de calmarme. ¿Qué puede estar pasando? Leí libros durante mi embarazo, pero no soy ninguna experta (cómo me hubiera gustado que en esa época existiera un grupo como el de mamás Latinas en Francia para no sentirme tan perdida…). Y pensar que mis clases de prenatal las empezaba mañana…

Me meto a bañar para tranquilizarme. Me pongo unos pants y una playera.

Cinco minutos después estoy otra vez empapada.

Mi corazón empieza a latir a mil por hora. Tengo el celular de mi ginecóloga, así es que la llamo para explicarle lo que está pasando y saber si la puedo ir a ver más tarde.

-¿Más tarde? Nada de más tarde, tomas tus cosas y te vas directo al hospital. Se te rompió la fuente. No puedes esperar más. Pide un taxi y vete. Me llamas de allá.

Me cuelga inmediatamente.

Pide un taxi y vete. ¿Eso dijo? Y qué tome mis cosas. ¿Qué cosas? No tengo nada listo, por supuesto no mis cosas, y la ropita de Mateo la compré, pero no está lavada.

Bueno, quizá no es nada serio y solo me dijo que fuera al hospital para que me revisen. No sé…pero qué, ¿y si me tengo que quedar qué? No me puedo quedar y tener un bebé sola. No. Piensa. Tranquila. Todo va a estar bien. Todavía falta más de un mes para que sea la fecha. Esto no está pasando…. Le llamo a Olivier para avisarle y me voy. ¿Pero para qué lo preocupo? ¿qué va a hacer él a las doce de la noche? No bueno. Es el papá. Tiene que saber lo que está pasando. Sí, le hablo y ya veremos. Tengo Miedo. ¡Tengo MUCHO miedo! Respira, así cómo has visto en la tele, ffff, ffff, cierra los ojos, ffff, ffff, ahora inspira profundo. ¡Carajo, qué estoy haciendo! La doctora me dijo que me fuera ahorita. Ahorita es AHORITA. Ya, le marco.

-Hotel La Casona buenas noches, le atiende Margarita, ¿en qué puedo servirle?

-Señorita, por favor, comuníqueme con la habitación 21.

-Enseguida.

Suena el timbre del teléfono. Una, dos, tres…diez veces. Mi ritmo cardiaco no va a poder soportar este martirio…Voy a colgar cuando una voz de ultratumba contesta:

-Oui, Allo ?

-¡Amor, soy yo. Perdí la fuente y me tengo que ir al hospital. Le hablé a la doctora y me dijo que me fuera ahorita, que no puedo dejar pasar más tiempo, que pida un taxi y me vaya. Te aviso solo para que sepas que me tengo que ir ya. Estoy super nerviosa, pero quería avisarte!

-Quoi ? Attends. Lo ? C’est toi ? Pero qué pasa….no te entiendo nada, estaba completamente dormido, ¡¿qué estás diciendo?! ¿Qué se te rompió la fuente? ¿Qué fuente? ¿En dónde hay una fuente? Y ¡¿por qué diablos tienes que ir al hospital por eso?! ¡¿Qué es eso?! No te preocupes, no es grave, seguro que no es grave.

-Olivier, entiende. ¡Se rompió LA FUENTE! Estoy empapada. La doctora dijo algo así como “vous avez perdu les eaux” Las aguas, ¡LES EAUX! Ya, ¿ahora si sabes de qué hablo? Por Dios, ¡despierta!

-Les eaux…je vois. No pasa nada. Ve al hospital a que te revisen y diles que tu esposo no está contigo, que voy a tratar de agarrar un vuelo lo antes posible, que por favor traten de esperar a que yo llegue. ¿Tienes contracciones?

-No…nada, no siento nada. Solo estoy mojada como si estuviera haciendo pipí sin parar.

-Okay, vete ya, pero no en taxi. Tócale a Vivien y Fabienne, ellos sabrán que hacer, tienen tres hijos. Me llamas del hospital. Yo voy a buscar un avión para irme ya de aquí. Je t’aime ma cherie. Il n’ya pas de quoi s’inquiéter. Tout va bien se passer, tu verras.

-Si, claro. Me voy. Te llamo luego. Te amo.

Olivier siempre dice lo mismo. No es grave. No conozco a una persona más tranquila que él en los momentos de emergencia. ¿No es grave? ¡Estoy a punto de tener un bebé sola, en un país que no es el mío, más de un mes antes de la fecha, y, no es grave!

No lo pienso dos veces y llamo a mis vecinos. En cuanto les digo lo que pasa ellos sí que lo toman como una urgencia. Vivien me cuelga y a los dos segundos está tocando mi puerta (cosa que en sí no tiene nada de extraño puesto que son los vecinos de al lado, lo extraño es que yo les haya hablado por teléfono en lugar de salir a tocar el timbre…).

Estaban preparándose para ir a trabajar y dejar a los gemelos en la escuela y a la chiquita en la guardería. Abro y veo a los cinco ahí paraditos frente a mi departamento a medio vestir. Se ven completamente apanicados. Vivien me pide que vaya por mi maleta y que él me lleva, que no me preocupe. Cuando le digo que no tengo ninguna maleta preparada casi le da el patatús. ¡¿Pero vas a tener un bebé, te das cuenta?! Yo le digo que todavía falta más de un mes, qué no estoy lista. Pues lista o no lista vas a tener un bebé. Hoy. Perdiste las aguas, con eso no se juega.

Mientras Vivien acaba de vestirse, Fabienne corre y llena una bolsa de plástico con ropa de sus hijos. Me la entrega, cierro la puerta de mi departamento sin preocuparme cómo se va a ir ella a trabajar y cómo va a ir a dejar a sus hijos si nos llevamos su coche. No puedo pensar en nada. Estoy como hipnotizada.

Así es que así, sin maleta para mí, con una bolsa llena de ropa ajena para Mateo, en el coche de mi vecino, me voy al hospital para vivir el momento más importante de mi vida.

Llegamos cinco minutos después (por suerte vivimos muy cerca). Vivien encuentra estacionamiento al lado de las urgencias de maternidad. Se baja conmigo, me acompaña y explica a la señorita enfermera que está ahí en la entrada que perdí las aguas, como ellos dicen, y que aquí estoy. Empieza el papeleo y yo callada, ida, perdida. Completamente perdida. Vivien contestando por mí, haciéndome preguntas cuando no sabe qué contestar. Cuando termina el interrogatorio nos quieren llevar a una sala de revisión y Vivien se queda inmóvil sin saber que hacer. La señorita le trata de dar una bata y él le dice que no gracias, que él no va a pasar. Y ella sin entender bien le explica que sí, qué el papá tiene todo el derecho de entrar. Solo que no soy el papá, dice él. Soy el vecino. Y ella me mira, lo mira, nos mira, y me mira de nuevo y en ese momento, ahí en la mitad del pasillo del hospital de Saint Cloud, me empieza a dar un ataque de risa, de esos en que ries y lloras al mismo tiempo y no puedes parar. Y Vivien que es bien francés no entiende nada, y la señorita tampoco y yo entre risas y mocos le explico que sí, es mi vecino, y qué el papá está en México, y qué esto no debería de estar pasando así, y qué no estoy lista y no puedo parar de llorar. De reír y llorar.

Cuando por fin capta la situación, la enfermera la agradece a Vivien su ayuda, me toma del brazo y me lleva a la dichosa sala de revisiones. Vivien se va no sin antes prometerme estar al tanto.

Unos minutos después llega el médico de guardia. Ya para esto me quitaron mi ropa y me pusieron una bata de hospital, de esas azules que se abrochan por atrás y quedas con las nalgas al aire. Mientras me revisa yo le explico ya más tranquila lo que me pidió Olivier. Qué por favor traten de esperarlo, que está haciendo todo lo posible por conseguir un vuelo rapídamente, que seguro mañana llega, etc. etc.

El doctor me ve a los ojos y con mucha seriedad me dice que con papá o sin papá el bebé tiene que nacer hoy, no mañana. Punto.

En ese segundo despierto de golpe de un maravilloso sueño, en dónde estamos los dos, preparados y listos para ser padres, viviendo juntos el nacimiento de nuestro primer hijo, compartiendo la magia, conociendo a nuestro bebé…

Voy a ser mamá. Sola. Y me tengo que poner las pilas.

Le pido el teléfono al médico (al principio no quiere, pero dándose cuenta de la problemática, acepta), le llamo a Olivier y le digo que no podemos esperar, que Mateo va a nacer y que a ver como hace para llegar lo más pronto posible.

El ya está a punto de salir al aeropuerto. Consiguió un vuelo a Nueva York (sí, como lo oyen…a Nueva York…los nervios hacen hacer cosas raras…) y de ahí verá como llega a Paris. Hay muchos vuelos de Nueva York a Paris, ¿qué no?

En fin…ya viene, eso es lo importante.

Cuelgo y me dedico las siguientes horas a prepararme para recibir a mi niño.

Primero que nada reviso la bolsa que amablemente me dio mi querida vecina Fabienne. Dentro hay ropita de niño y de niña, de talla 3, 6 y hasta 9 meses. Nada para un recién nacido. Absolutamente nada.

Antes de empezar a desesperarme otra vez, decido hacer una última llamada. A Baptiste, el hermano de Olivier que estudia en Paris. Me contesta a la primera y le explico la situación. Le pido que venga al hospital por las llaves de mi casa, que vaya a lavar la ropita de Mateo, que pase al Monoprix a comprarme unas pijamas decentes (que no es que las mías sean muy sexys, pero duermo en unas fachas que definitivamente no se prestan para el hospital…aunque de haber sabido lo que para Baptiste era “decente”- un camisón rosa cerrado hasta el cuello y largo hasta el piso, cómo de abuelita mojigata – me hubiera esperado a pedirle a alguien más…) y me traiga todo hoy mismo. Uff…

En lo que llega me pasan a la sala de partos.

No soy una persona miedosa, pero no me gusta sufrir. El doctor me explica que no estoy nada dilatada todavía así es que habrá que esperar. No me pueden poner la epidural hasta que no tenga tres centímetros de dilatación por lo menos.

Espero acostada en la cama con una especie de cinturón en el vientre que mide los latidos del corazón de Mateo. Es todo lo que oigo. Su corazoncito en el monitor y el mío que se quiere salir de mi cuerpo de la emoción.

Las enfermeras pasan de vez en cuando y me platican. Se sienten mal de verme ahí sola. Me dicen que mi vecino ha llamado cada hora, que si no necesito nada.

Las contracciones son cada vez más fuertes. Puedo estar platicando y de repente siento que el dolor me paraliza. Me tengo que agarrar lo más fuerte que puedo de los barrotes de la cama hasta que pasan.

Dos centímetros.

Llega Baptiste y para mi sorpresa lo dejan pasar a la sala de partos. No es el lugar ideal para ver a su cuñado. Créanme. El está súper incomodo, y yo más. Mientras está ahí me dan dos o tres contracciones espeluznantes y me dan ganas de agarrarlo a golpes. Solo quiero que se largue. Si Olivier no está conmigo, no quiero a nadie. Muy amablemente toma las llaves, me pregunta si quiero algo más, a lo que le contesto que no, que cuando tenga las cosas se las deje a alguien afuera y muchas gracias.

Cuando se va ya no aguanto más. Quiero literalmente matar a alguien, o por lo menos hacerle mucho, mucho daño…

Por fin, ya que mi límite está muy, muy cerca, llega el anestesiólogo y, aunque no voy a decir que fue un momento “agradable”, cuando termina su trabajo casi lo agarro a besos.

A partir de ese momento soy feliz. Siento las contracciones, pero no me duelen.

Un centímetro por hora.

A las ocho de la noche estoy lista. Llegan cuatro comadronas, una más jovencita que la otra. Las mismas que vinieron a verme durante el día y que yo tomaba por simples enfermeras recién graduadas. Dos están conmigo y dos más esperando la cabecita de mi bebé.

Tengo que decir que esas cuatro mujeres se merecen el cielo. Su trabajo es más que admirable. A su corta edad dominan sus tareas. Con toda la paciencia y la calma del mundo me explican cómo respirar, qué hacer. Hablan bajito, me animan a seguir. Aún cuando al final siento que pierdo paciencia y empiezo a gritar como parturienta de esos programas de tele que uno ve a veces, ellas siguen igual de tranquilas.

Y por fin nace. Mi bebé adorado. Mientras doy el último pujido veo su cabecita y el resto de su cuerpo salir del mío. Y lloro.

Soy Mamá.

Desde que lo veo lo amo con todas las celulas de mi cuerpo. Sé que ese ser tan pequeñito y frágil ha cambiado mi vida para siempre.

Lo tengo conmigo unos minutos y se lo llevan para revisarlo, pesarlo, lavarlo. Aunque me explican que está muy bien, le tienen que dar trato de “prematuro”, así es que lo ponen en una incubadora y me dicen que me lo traerán al día siguiente, que pasará la noche en observación. Y que mi marido ha tratado varias veces de llamar, que por fin pudo comunicarse desde el avión de Nueva York a Paris y estará en el hospital por la mañana, temprano.

Paso la noche como si estuviera dentro de un espectáculo de fuegos artificiales pero de emociones. Yo soy la pólvora.

A las ocho de la mañana abren la puerta del cuarto. Olivier. Se acerca a la cama con lágrimas en los ojos y sin decir palabra me abraza muy fuerte y me besa. En ese momento entra la enfermera con Mateo. Muy despacito, con mucho cuidado, lo instala en nuestros brazos y se va.

Somos una familia.

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